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Se faire entendre sans Autre

Mar 19, 2020 by Franck R Category: El autismo 0 comments

Première Journée du Centre d’études et de recherches sur l’autisme (CERA) 10 mars 2018, Paris

¿Buenas prácticas en autismo?

Nov 08, 2018 by Franck R Category: El autismo, nuevo 0 comments

Gracia Viscasillas y Cristina Laborda (compiladoras) Obra colectiva

“DESPUÉS DE LA INFANCIA. AUTISMO Y POLÍTICA” (Foro Internacional sobre Autismo)

Abr 30, 2018 by Franck R Category: El autismo, forum europeo 0 comments

El pasado 7 de abril, setecientas personas entre representantes del gobierno autonómico de Catalunya, psicoanalistas, profesionales de otras ramas, artistas, familiares y personas llamadas autistas, completamos el aforo de una sala del Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona.

Conversaciones sobre el Foro y su política. Por Neus Carbonell e Iván Ruiz.

Conversaciones sobre el Foro y su política. Por Neus Carbonell e Iván Ruiz. “Después de la infancia. Autismo y política” Foro internacional sobre autismo

SEMINARIO EUROPEO DE INTERCAMBIO SOBRE EL TRABAJO CON NIÑOS Y JOVENES CON TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA

Sep 15, 2017 by Franck R Category: El autismo, Evènement 0 comments

En Zaragoza, los días 28, 29 y 30 de septiembre, y auspiciado por la Comunidad Europea, tendrá lugar un Seminario Europeo de intercambio sobre el trabajo con niños y jóvenes con TEA que estará integrado por diversas asociaciones de familias e instituciones de 5 países europeos.

Radio Lacan – “Políticas del autismo”: Entrevista a Vilma Coccoz

Ene 27, 2017 by Franck R Category: El autismo 0 comments

Por Olga Montón Autor: Vilma Coccoz; Establecido por: María del Carmen Conca 11:30 minutos | Audio en Español | Grabado el 17.07.2015

OKUPAS DEL LENGUAJE – Gracia Viscasillas

Ene 26, 2017 by Franck R Category: El autismo 0 comments

Daniel tiene 4 años. Aunque según comentan sus padres dice algunas palabras, en las sesiones se muestra absolutamente silente. Coge dos coches y entra en una casita sin techo que hay en un rincón. Ahí, de espaldas a mí, se desarrollan las sesiones, en silencio: hace pasar una y otra vez los coches ante sus ojos. Cuando anuncio que es el tiempo de acabar, sale de la casita y deja los coches en la estantería; enuncio que me voy a ocupar de cuidar que estén allí para el próximo día, que entiendo que es importante. En una sesión escucho que emite un ruidito mientras mueve el coche. Señalo que parece el ruido de un coche. El sigue emitiendo ruidos, y yo voy añadiendo significantes que aportan un rasgo distintivo a los ruidos y que apuntan a localizarlos en un modo en el que él no quede ajeno.

Daniel parece acoger mi intervención sin que le parezca intrusiva. Cada vez entra más coches, haciendo ruidos diferentes y parece esperar mi respuesta. Pero continúa haciéndolo de espaldas a mí… hasta un día en que al emitir un ruido, digo que lo oigo pero que no lo veo y que no sé qué es. Entonces se coloca de perfil y me lo muestra: “¡Ah, es un avión!”, señalo entonces.

Comienza a trabajar desde afuera de la casita, metiendo en ella objetos que encuentra en una caja. Al principio va y viene de la caja a la casita llevando cada vez un objeto. Cuando lo introduce yo me ocupo simplemente de nombrar el objeto. En una ocasión coge un vaso y antes de meterlo hace el gesto de beber, y le digo que efectivamente, él sabe muy bien que es para beber con la boca. Tras esto, coge un plato y hace el gesto de comer, y también lo señalo del lado del saber que queda de su lado.

A la siguiente sesión, es la caja entera que arrastra junto a la casita, y es él mismo quien al meter los objetos hasta vaciar la caja, va pronunciando el nombre de los objetos. Lo hace de una forma robotizada, desvitalizada, y aquellos cuyo nombre no parece conocer los coloca de manera que me los hace ver, y entonces yo digo el nombre… a veces titubeo, o me equivoco o digo que no me acuerdo.

 

Un día, de entre los objetos, toma una salchicha de juguete, y con el mismo tono monocorde y enlentecido, dice “chal-chi-cha”. Entonces, tomo esto y me atrevo a decir: “¡chalchicha, chalchicha!, ¡qué palabra tan divertida!”. Daniel se vuelve y me mira por primera vez, al tiempo que estalla en carcajadas mientras él mismo dice “¡chalchicha, chalchicha!” en tono vivo. La palabra misma, que él toma, aligerada de la pesadez del sentido-pegado, surgió –por un momento entre nosotros- como una pelota de colores lanzada al aire. Se me hizo ahí presente la materia significante separada de la significación, la “moterialidad” del significante. Y marcó un viraje en el modo de ocupar el lenguaje.

 

Es a través de elementos de la lengua que no apuntan al sentido-pegado de la cosa, como estos niños pueden no digo apropiarse sino hacerse okupas del lenguaje. Lenguaje que pasaba por un Otro que se lo devolvía aligerado, sin sentido, vivo.

Cada niño agujerea el lenguaje a su manera, imprime en él una marca particular, al estilo de los graffitis que suelen rodear las casas okupas. Como en éstas, la circulación habitual de la casa es trastocada, al igual que la sintaxis en los autistas. Al igual que en ellas, encontramos en los autistas una especie de objetos totems, objetos al estilo de Duchamp, sacados de su uso habitual pero imprescindibles para hacer borde. Y como en las casas okupas, el Otro omnipotente con su amenaza de desalojo por la fuerza está siempre al acecho.

 

En defensa de la pluralidad de abordajes, la causa de los padres y la voz del autista – Iván Ruiz

Ene 23, 2017 by Franck R Category: El autismo 0 comments

COMPARECENCIA ANTE LA COMISIÓN DE INFANCIA
DEL PARLAMENT DE CATALUNYA
15 de noviembre de 2016
En defensa de la pluralidad de abordajes, la causa de los padres y la voz del autista
Iván Ruiz
Presidente de la Asociación TEAdir de padres, madres y familiares de personas con TEA
Estimada presidenta, estimados miembros de la Comisión,
Como Presidente de la Asociación TEAdir de padres, madres y familiares de personas con autismo quiero agradecerles muy sinceramente su invitación a participar en el marco de esta cámara, plural y democrática, en la que, deseamos, sea un debate sostenido en el tiempo.
Querría sin embargo empezar mi intervención expresando la incomodidad que nos genera -y hablo en nombre de muchos de los padres que hoy represento- sentirnos empujados a entrar en una confrontación de tratamientos para el autismo que está lejos de nuestros objetivos fundacionales.
La Asociación TEAdir fue creada para proteger una sensibilidad diferente a la hora de entender y tratar el autismo, que fue representada en los reclamos que la Asociación Aprenem hizo al Congreso de los Diputados, en el año 2010. Querríamos pensar que sus demandas fueron hechas con la mejor de la intenciones –reclamaban la mejora de la atención de las personas con autismo- pero, a nuestro entender, con la peor de las formas, pues prevían esa mejora a partir de un único abordaje financiado por la administración, el conductista. El posicionamiento de la entidad que represento es otro y la invitación a hablarles hoy aquí –desde mi doble condición de padre y profesional- me permite exponerlo.
1. La acción política en términos de autismo
Creemos firmemente que la oferta pública de la atención a las personas con autismo y a sus familias es una cuestión que debe ser dirimida por las administraciones y por los profesionales que están implicados en la atención directa de las dificultades por las que una persona con autismo pasa a lo largo de su vida. Como decía el sociólogo Michel Gauchet, la política es el lugar de una fractura de la verdad. Y en términos de autismo, ni padres, ni profesionales, ni políticos estamos en disposición de avanzar con verdades absolutas.
2. Un lugar para el saber profesional
En el debate sobre el autismo en Cataluña se ha producido en los últimos años un desplazamiento que nos preocupa. Se ha pasado de lo que debería ser la mejora en la atención de los niños con autismo a una batalla por el tratamiento más eficaz. Hemos escuchado algunos posicionamientos que caen en el ejercicio del poder y en la exigencia de la mejora de unos en detrimento de la de otros. Si bien los padres y madres podemos aportar nuestra experiencia en el día a día y al largo de los años con nuestros hijos, no nos corresponde a nosotros ni elaborar el saber epistémico ni contribuir a consensos profesionales. Se nos ha empujado a intervenir en un debate profesional que no nos corresponde, que no creemos que lleve a ningún lugar, pero del que nos encontramos sin poder escapar si lo que queremos es ser escuchados como padres.
3. El ataque contra el psicoanálisis
A pesar de que Catalunya cuenta desde el año 2012 con un Plan integral sobre el autismo, surgido del consenso de un amplio abanico de profesionales y del trabajo conjunto de los departamentos de Educación, Sanidad y Bienestar social, se continua cuestionando la formación y el ejercicio de algunos profesionales que trabajan en la atención pública. La asociación que escucharán después, Aprenem autisme, cree haber encontrado la razón de los males de nuestro sistema público: Localizan en los psicoanalistas la causa de la escasa mejora de los niños con autismo y proponen las técnicas conductistas como las únicas científicamente aceptables.
4. La evidencia científica
La fe en la ciencia, lo que se denominado el cientificismo, está haciendo un flaco favor a los desarrollos lentos pero firmes de la comunidad científica internacional en materia de autismo. La tan venerada “evidencia científica” ha sido tomada por algunos como el estandarte de sus reclamos, hasta el punto de tergiversar y fabricar supuestas evidencias que no han podido ser ni replicadas ni confirmadas. El método conductista ABA (Applied behavior analysis), desarrollado en los años 60 por Lovaas en los Estados Unidos, ha sido denunciado por familias y usuarios por sus formas éticamente dudosas. Los métodos basados en el ABA han demostrado una eficacia limitada en contextos muy precisos y focalizados en algunas conductas muy concretas. Ninguna generalización en la persona que es un autista ha sido hasta ahora demostrada. Y si se trata de evidencias, en plural, contamos con estudios que demuestran los resultados obtenidos por el psicoanálisis y por otros tipos de abordajes terapéuticos. La actual fe ciega en la “evidencia científica” revela una alianza feroz entre la ciencia y los intereses de mercado, que silencia las experiencias singulares.
En lo que respecta a los padres, que somos los que vivimos con el autismo día tras día y durante toda nuestra vida, no creemos que haya ninguna otra evidencia que aquella que podemos verificar en nuestros hijos y también en aquello que nos ha servido a nosotros. La evidencia que les pedimos sea hoy considerada aquí no es otra que la evidencia testimonial.
5. El derecho a la libertad de formación
Nuestro país cuenta con una variedad de profesionales que intervienen desde su saber en los diversos momentos y situaciones por los que pasa una persona con autismo. Estos profesionales han mantenido hasta hoy su derecho a formarse de la manera que consideran más adecuada ante el reto que supone el abordaje del autismo de un niño, un adolescente o un adulto, y de acuerdo con su propia ética. Pedimos que este derecho no sea vulnerado, porque necesitamos el deseo sostenido de estos profesionales para el proyecto de vida que tenemos frente a nosotros, como padres.
6. Pluralidad de abordajes del autismo
El campo de la atención temprana es hoy el centro de atención de las políticas sociosanitarias. Contamos en Cataluña con una red de centros de atención temprana sin parangón en el resto del estado, desde la que se atiende, seguramente, el momento más delicado de la vida de un niño que será diagnosticado de autista.
El autismo cristaliza durante los primeros meses y años de vida. No acostumbra a ser una aparición progresiva, la de sus síntomas, sino una irrupción brusca de un rechazo generalizado del niño hacia el otro. Las intervenciones que se hagan deberán dirigirse a ayudar al niño a entrar en el vínculo con el otro, pero además –y es lo que nosotros más apreciamos- a respetar sus propios tiempos.
Esta red de centros, multidisciplinar y plural en la formación de los profesionales que los integran, ha sido últimamente menospreciada por la supuesta presencia excesiva de psicoanalistas. Quiero aclarar ante esta comisión que en ninguno de estos centros trabajan psicoanalistas como tal. Podrán encontrar profesionales diversos que se orientan a partir del psicoanálisis para hacer frente a las dificultades de los niños con autismo pero también a otros que siguen, por ejemplo, métodos cognitivo-conductuales. En ningún caso encontrarán un predominio de un abordaje en detrimento de otros. ¿De dónde proviene entonces la extensión de la idea de que existe un predominio del abordaje psicoanalítico en la atención temprana? Creemos que es la intuición, el respeto y la atención al niño, como un sujeto en proceso de construcción, lo que hace que las intervenciones de la mayor parte de estos profesionales mantengan una actitud de escucha y acompañamiento. Seguro que es algo prioritario para el psicoanálisis, pero no nos parece que sea propiedad de él.
Constatamos entonces un malentendido que ha tomado forma de ataque a un supuesto disfuncionamiento del sistema.
7. El autismo y la educación
En lo que respecta a educación, la situación en las escuelas se agrava. La inclusión educativa ha pasado de ser un derecho para todos los niños a una exigencia, que lo niños autistas acusan más dada la vulnerabilidad y la fragilidad que tienen en relación con la demanda de los adultos que les es propia. Esperamos el nuevo Decreto sobre inclusión de la Genelitat de Catalunya, ya anunciado, pero nos preguntamos: ¿De qué se trata cuando hablamos de inclusión? Se trata realmente de la inclusión del niño en un edificio determinado que lleva la catalogación de ordinario –“normal”, como suele decirse- o más bien de la inclusión del niño en el vínculo con los demás? ¿No es esto último lo que se espera también de los niños en los centros especiales o específicos con los que cuenta nuestra red de centros públicos? Las escuela llamadas especiales son para algunos niños con autismo el mejor recurso para construir un entorno ante el cual no mostrarse refractarios. Consideramos, por un lado, que los recorridos posibles por las diferentes instituciones educativas debe ser lo suficientemente rico y diverso como para que aquellos niños que no pueden de ningún modo incluirse en las aulas ordinarias tengan la posibilidad de hacerlo en otros centros. Esto es lo que existe en este momento y que no podemos perder.
Así mismo, conviene subrayar el error claro que supondría cargar sobre la escuela ordinaria la responsabilidad de tratar el autismo. El trabajo de coordinación en red de los diferentes servicios implicados es lo que demuestra, cada vez más, beneficios para situar, también al niño con autismo, como protagonista del proceso educativo.
Sin duda, la crisis económica ha dejado sin recursos suficientes a muchas escuelas pero, sobre todo, ha perjudicado la confianza en aquello que los equipos educativos hacen: atender y promover el surgimiento del consentimiento del niño con autismo a ser educado.
El autismo nos confronta con una singularidad irreductible. Cada niño autista lo es a su manera. Si bien esto es cierto para los seres humanos, es todavía más verdadero en el caso del autismo. Imposible tratar a todos los autistas de la misma manera. Esta es una verdad experimentada cada vez por padres, educadores, maestros y terapeutas. En consecuencia, ningún tratamiento, ningún proyecto educativo, que parta del “para todos los autistas, lo mismo” podrá recibir nuestra confianza.
8. La reeducación
Finalmente, la reeducación. Los niños autistas despiertan en los adultos una voluntad de restitución de todo aquello que se interpreta como lo que le falta: falta del habla, de atención, de interés, de obediencia, etc. Esta respuesta del adulto olvida en muchas ocasiones que aquello que el niño autista no hace por los caminos estandarizados, lo suple de otras maneras. Las técnicas reeducativas que se exigen hoy para todos los autistas obvian este hecho y piden al autista que responda a los ideales de normalidad que tienen los adultos que le rodean. Pretenden enseñar al autista a no serlo de la misma manera que pretenderían enseñar a un ciego a ver, sometiéndolo, por ejemplo, a imágenes en vez de incidir en el resto de sentidos.
Estimados miembros de la comisión de infancia, lo que queríamos trasladarles con estos ocho señalamientos es una argumentación en respuesta a un ataque, al que estamos asistiendo en los últimos años, a los pilares fundamentales de una sociedad, la catalana, que ha conseguido una red en la atención pública educativa, social y sanitaria, reflejo de un tejido social y asociativo, construido durante décadas de democracia. Las voluntades de incidir en los modelos públicos no deberían poder ejercitarse sin el diálogo y el consenso. Cualquier participación unilateral no será sino una imposición, si un colectivo se erige en el verdadero y único portavoz de una causa legítima, en este caso la de los padres. Conviene desconfiar, entonces, de aquellos que hablan en nombre de todos los padres porque cuando no tengan suficiente con dedicarse a sus hijos pasarán a ejercer el poder sobre las voluntades de los otros.
Querría ahora hablarles de Héctor, mi hijo. Cuando constatamos que las cosas no iban como deberían, él tenía casi dos años. Recuerdo bien la primera psicóloga de un servicio público, con la que contactamos. En aquella primera visita, nos anunció que pasaría a nuestro hijo uno de los tests que se utilizan, en ocasiones, para saber si se trata de un autismo. Tomó un cuento de su caja y se lo dio. Quería –nos dijo- valorar cómo manipulaba los objetos. Héctor lo tomó con las dos manos, dando vuelta inmediatamente las solapas del libro en sentido inverso, hasta que consiguió que, forzando el lomo, el libro hiciera un “crack”. Entonces, ella rellenó decidida la casilla del test correspondiente haciéndonos saber que Héctor no manipulaba correctamente los objetos.
Hoy Héctor tiene casi 11 años. Más allá de las dificultades presentes, que les ahorraré, le apasiona la música, en concreto las Variaciones Golberg de Bach, la primera versión que Glenn Gould hizo en el año 56. Tiene oído absoluto, toca el piano pero también extrae sonidos de todo tipo de objetos. Graba en su Ipad sus composiciones improvisadas simultaneando, por ejemplo, los sonidos de un teclado, el giro frenético de un vaso y la cadena del váter. Son sus composiciones en un estilo que recuerda a la experimentación musical infantil de músicos contemporáneos como Robert Gerhard o Oliver Messiaen. No tenemos dudas hoy de que su interés por la música, por los sonidos, los ruidos, el silencio, proviene de aquel primer objeto de interés: el objeto sonoro. Lejos de minusvalorar su actividad primera de extraer ruido de los libros o de hacer girar anillos, el trabajo que inició después con la psicoanalista que le ha acompañado hasta ahora le ha permitido llevar más allá de su autismo aquello que se inició como una repetición ad libitum, como una obsesión inservible –habrían dicho algunos- de una conducta que fue registrada, en el test, como un disfuncionamiento. Pienso que si hubiéramos aceptado la propuesta conductista de modificar sus conductas “inservibles” habríamos interferido gravemente en su investigación singular.
Por cierto, los libros que más le gustan en estos momentos son lo que contienen un gran número de páginas. Los utiliza para seguir su numeración y pronunciar los números en castellano, catalán e inglés. Ha aprendido a leer y a escribir en una relación muy íntima con los sonidos de las palabras que designan números y letras. El centro en el que está escolarizado, que ha favorecido todos estos avances, saben que conviene respetar muy bien el goce que él extrae de ahí y no convertirlo en un aprendizaje reglado, para que él siga manteniendo este interés.
Querría, para concluir, explicarles algo que, desde TEAdir, aprendemos de los niños con autismo. Donna Willians, de quien conocemos sus testimonios publicados, se refería a su experiencia como autista diciendo que durante su infancia se debatía en una lucha constante para, por un lado, mantener el mundo fuera pero, por el otro, para llegar a él. Esta es la verdadera batalla del autismo, que se libra en cada niño desde lo que puede llegar a ser un, suyo, inquietante silencio. Consideramos el autismo como la congelación de un niño en el momento previo a la entrada en la palabra y el vínculo con el otro. Es en ese momento cuando él se detiene, protegiéndose en circuitos restringidos de los que obtiene una satisfacción que le es absolutamente preciada. Entendemos así que el psicoanalista Jacques Lacan se refiriera al autismo como el estadio nativo de todo sujeto, y que para entrar en el campo del otro, el niño tenga que consentir a perderlo. Cuando esto no sucede se desencadena la sintomatología autista, que coloca a los padres ante un enigma que no puede ser resuelto con propuestas estandarizadas.
Un niño autista es antes que nada un niño, que se encuentra inmerso en dos procesos realmente complejos:
1- Protegerse de la presencia de los demás, a quien siente como los agentes de la exigencia de su renuncia a sus objetos, a sus circuitos y a sus maneras con las que se procura una satisfacción constante.
2- Extraer de los adultos todo aquello que le sirva para construirse una versión propia del funcionamiento del mundo que le rodea. Esta construcción, muy a menudo invisible a ojos del adulto y extraña al sentido común, se convierte enseguida en su centro de interés pero, además, en una fuente de donde extraer un sentimiento de vida.
Si el psicoanálisis nos ha permitido encontrar el interés en el autismo de nuestros hijos es porque los profesionales que se orientan en este abordaje –psicólogos, ciertamente, pero también logopedas, fisioterapeutas, psicomotricistas, pediatras, maestros, educadores, musicoterapeutas, entre otros- están especialmente atentos a la manera como un niño con autismo extrae de lo que hace un mínimo sentimiento de vida. ¿Qué es esto sino aquello en lo que estamos interesados cualquiera de nosotros?
Creemos finalmente que la atención al autismo no puede ser de otra manera que global y multidisciplinar:
- La globalidad implica que la ayuda que se procura al niño de manera ambulatoria no es suficiente y que la atención ha de hacerse extensiva al acompañamiento de las familias, a la adecuación del ámbito escolar a las necesidades del niño, y a la idoneidad de los espacios de ocio. Es, de hecho, este el modelo promovido por la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.
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- Y la multidisciplinariedad, que resulta imprescindible para poder responder a las necesidades diversas de la persona al lago del tiempo. Más allá de los abordajes, técnicas o tratamientos, la atención a las personas, promovida por las actuales directivas europeas, debe responder a las problemáticas, complejas en algunos casos, que surgen sobretodo cuando el sujeto entra en la pubertad y en la edad adulta.
Somos conscientes que no es éste el objeto de esta comisión, pero tenemos entre manos, administraciones, profesionales, políticos y familias un tema mucho más urgente del que hoy tratamos: los servicios sociosanitarios para los adultos afectados de autismo o de algún trastorno mental severo, y la situación de algunos adolescentes que, con un diagnóstico de autismo, con la evaluación del CAD (Servicio de valoración y orientación para personas con discapacidad) favorable al servicio residencial, con la imposibilidad real de vivir y sostenerse en sus familias, se les niega un recurso asistencial por el hecho de haber cumplido la mayoría de edad. Quiero hacer una mención concreta de algunos de los chicos que acompañamos en nuestra asociación y que se encuentran en esta situación: Álex Peña, Roman Pisa y Carlos Lozano.
Asistimos en nuestra asociación a la situación de urgencia de algunas familias que sólo pueden hacer uso de la única salida ante las crisis severas de sus hijos: el ingreso hospitalario con la presencia exigida de los padres durante todo el tiempo del ingreso, que consiste en: ningún tipo de abordaje terapéutico, altas dosis de medicación y sistema de correas para mantener atado al chico durante los momentos más difíciles. Los niños con autismo son el centro de luchas encarnizadas, en las que se vinculan intereses de todo tipo. Pero tenemos ante nosotros una realidad que no podemos obviar: ¿Qué modelos asistenciales podemos ofrecer hoy a los adolescentes y adultos que no han encontrado una solución exitosa para sostenerse en un mínimo sentimiento de vida?
Desde la Asociación TEAdir les pedimos, entonces, que:
1- Lideren el debate de las ideas entorno al autismo.
2- Recojan las diversas sensibilidades entorno a esta cuestión tan compleja.
3- Protejan los derechos fundamentales de ejercicio de nuestros profesionales y la formación que ellos decidan hacer libremente.
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4- Soliciten el pronunciamiento explícito de los diversos colectivos profesionales implicados, también a las diferentes escuelas de psicoanálisis, sobre la formación de sus profesionales y los principios éticos de su práctica.
5- Atiendan las peticiones diversas de las asociaciones que hoy estamos representadas y de otras que trabajan fuertemente para la mejora del autismo de sus asociados.
Defendemos la pluralidad de abordajes y el derecho democrático de los padres a escoger el tipo de tratamiento que consideren más adecuado. Esta es nuestra causa, como padres. Sobre el autismo de nuestros hijos, todo lo que digamos será una interpretación nuestra. Los niños autistas mantienen una relación directa con lo inefable, y es a ustedes y a nosotros a quien nos corresponde dar respuesta.

Canal Parlament|Parlament de Catalunya

La verdad sobre el autismo – Vilma Coccoz

Ene 23, 2017 by Franck R Category: El autismo 0 comments

Según nos informa un conocido periódico nacional, el Diccionario Oxford ha entronizado un neologismo como palabra del año y como nueva incorporación enciclopédica. Se trata de la post-truth o posverdad; un híbrido bastante ambiguo cuyo significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal.”

Según otra fuente mediática, el término acuñado es simplemente un eufemismo de la mentira, la expresión viene a significar el tiempo de la manipulación y las falsedades.

En lo relativo a la batalla del autismo[1] tal designación parece ajustarse a los términos en que ha sido llevada a cabo la campaña instrumentada por el imperio ABA. Según el minucioso análisis realizado por la profesora canadiense Michelle Dawson, ella misma autista,  se puede constatar que “No todo el mundo es conductista hoy en día, pero en cuanto el objetivo de modificar la conducta se focaliza en el autismo, las adhesiones aumentan de manera impresionante. (...) el grupo de partidarios del método ABA para el autismo incluye a terapeutas, educadores e instructores; padres, abuelos, amigos de la familia; organismos de financiación, grupos profesionales y de presión; profesores, abogados, jueces y periodistas; políticos, burócratas y la Comisión de Derechos Humanos de Quebec.”[2] ¿Dónde radica este mayoritario acuerdo de grupos humanos tan diversos? ¿En qué elementos se sustenta esta creencia unívoca consiguiendo congregar “lo legal, lo científico y lo popular”?

Una retahíla de premisas irresistibles impulsa la industria ABA bajo el estandarte que califica al método de “científicamente probado” o “médicamente necesario.” Dawson  analiza detalladamente la retórica de los argumentos centrados en oposiciones falsas cuyo poder hipnótico es fácilmente reconocible en los pasquines de propaganda: siendo autismo igual a tragedia, sufrimiento y condena, las premisas falsas se convierten en amenazas: “O los niños autistas son tratados tempranamente con intensivas intervenciones conductistas de manera exitosa o éstos son condenados a una vida de aislamiento e institucionalización. El autismo es incompatible con el logro, la inteligencia, la integridad física y psicológica, la dignidad, la autonomía, y el aprendizaje: o eres autista o puedes acceder a estas posibilidades. O el autista es tratado con el método ABA y pasa a parecer no-autista, o el autista está condenado. El autismo es igual a la bomba nuclear, a una apoplejía, a la diabetes, a la enfermedad terminal, a ser “marcado con el dolor de un accidente terrible” y, otra vez, siempre, igual a cáncer. Si estás en contra de ABA entonces estás a favor de la institucionalización. Si ABA es criticado entonces los niños serán destruidos. El autismo es incompatible con la humanidad: o eres autista o eres humano. Si a un autista se le priva del método ABA entonces acabará tirado en el suelo y sentado por cuatro enormes asistentes de atención al hogar.”

Dawson pone en jaque a los artífices de semejante discurso autoritario, destinado a sembrar el temor y el sometimiento. Ella reclama la dimensión ética de todo tratamiento posible del autismo, abogando por el respeto a la inteligencia autista,  rebelándose ante el desconocimiento inmutable de la angustia que provoca en los autistas la exigencia de abandonar sus pequeños fortines de defensa ante la intrusión programada que padecen, destinada a convertir al niño autista en un niño “como los demás.” Dawson se subleva ante la ignorancia y necedad con las que se desprecian las “cumbres de aptitud” de los autistas, de las que ellos hacen uso en actividades aisladas o en sus capacidades extraordinarias de erudición.  Para ayudarles a avanzar, explica, es preciso tomar en consideración otras vías, otros modos de aprendizaje, diferentes de los diseñados para los no autistas. Llega a comparar la violencia que se ejerce sobre los autistas intentando transformarlos -mediante entrenamiento sistemático- con la que se impondría a los negros pretendiendo que fueran blancos con el argumento de que ser blanco es estadísticamente mucho mejor.  Para concluir con la observación muy precisa de que seguramente “todos los lloros, los gritos y la huidas son, más plausiblemente, el ruido y el alboroto del niño siendo forzado de forma reiterada a renunciar a sus puntos fuertes.”

Forma parte de la campaña de la industria ABA el intento de desacreditar el psicoanálisis mediante razonamientos infamantes y el recurso, repetido hasta la saciedad, de la supuesta ausencia de evidencia científica del tratamiento analítico. Recientemente la asociación Aprenem intentó sustentar con firmas una artera acción de denuncia y difamación de la práctica psicoanalítica. El presidente de la asociación Teadir, Iván Ruíz, respondió con una carta abierta[3]. No hubo contestación. ¿Por qué razón? ¿Por qué no se toman en consideración los interrogantes planteados por Dawson? ¿Dónde encontrar la verdad sobre el autismo sino en las experiencias realmente vividas, en los valiosos testimonios clínicos y no en las estadísticas difícilmente verificables?

La lección de Naoki

“Los autistas nunca usamos todas las palabras que necesitamos, y son esas palabras perdidas las que causan todos los problemas.”

Tal es la conclusión de Naoki Higashida, el joven autor de La razón por la que salto[4]. Gracias al método de escritura ideado por su madre y una educadora él consiguió franquear los muros del silencio autista hasta llegar a hacernos partícipes de su experiencia subjetiva en un conmovedor texto escrito cuando tenía sólo trece años.  Construido en forma de respuestas a las preguntas más habituales que suscita su comportamiento, Naoki va desgranando los elementos claves de su manera singular de estar en el mundo, habitualmente interpretados de forma errónea y prejuiciosa.  Con la esperanza de ser reconocido y respetado; con el propósito de participar en un diálogo sobre su condición, a fin de ocupar su lugar en el banquete de la vida.

Su testimonio se organiza en torno a sus dificultades con la palabra y el lenguaje, que Naoki denomina “el misterio de las palabras perdidas.”  De ese hecho masivo y contundente se desprenden una serie de consecuencias que van a infiltrarse en los más diversos aspectos de la existencia. El joven no se engaña en su reflexión: “las personas que tienen autismo nacen fuera del régimen de la civilización.” Porque hablar constituye la esencia de la humanidad, la resonancia de la palabra es algo constitucional al ser humano al que llamamos, con Lacan, ser hablante.

Confiesa Naoki que en su titánica lucha por abrir las compuertas de su caparazón,  a pesar de sentirse muchas veces abatido y derrotado, le sostuvo una firme convicción: para vivir su vida como ser humano nada hay más importante que poder expresarse.

Existe algo específico en la palabra, afirma Lacan, al punto que el término invalidez adquiere su verdadero alcance en los sordomudos: “El lenguaje con los dedos no se concibe sin una predisposición a adquirir el significante.” Seguidamente advierte acerca del abismo existente “entre el aullido inicial  y el hecho de que, al final, el ser humano (...) llegue “a poder decir algo.”[5]   En ese margen entre el aullido y el decir se nos revela la complejidad de nuestra humana condición, sometida a las inapelables leyes del lenguaje, regida por una estructura que nos antecede y ante  la cual, cada uno de nosotros ha sido confrontado durante la experiencia de la infancia. Es precisamente en la consideración de esa encrucijada vital donde se afianza la tesis psicoanalítica de la causalidad psíquica, válida también para el autismo, al considerarlo con Lacan, un estado de la subjetividad, un estado de la palabra, en la que algo se “congela.”

Naoki refiere hasta qué punto en ese estado “congelado” la enunciación personal es problemática, la voz no se anuda al discurso, sale muy fuerte, o muy tenue, no la puede controlar, resultando casi imposible contenerla. Cuando lo consigue llega a incluso a causarle un fuerte dolor, como si se estuviera estrangulando él mismo.[6]

Admite Naoki que nunca consigue decir lo que quiere, si bien experimenta los mismos sentimientos que los demás, se reconoce incapaz de expresarlos. También describe la desesperación que padece al estar atrapado, preso en un cuerpo que no experimenta como propio. Sin libertad ni control, resiente la mayor soledad y la mayor dependencia. Apabullado por un torrente de palabras pero incapaz de mantener una conversación, su impotencia le abruma, sufre crisis, se exaspera. Atormentado por sus errores, odiándose a sí mismo al provocar los enfados y la decepción en los demás, confiesa haber llegado a maldecir su nacimiento.

Sin embargo, fruto de su admirable tesón y del feliz hallazgo de un canal propicio a su expresión, este joven fue encontrando el modo de habitar el discurso.  Su libro ofrece una serie de valiosas pistas a aquellos que pretenden acompañar a los autistas en su trabajo de salida del estado “congelado” hacia la emergencia de un decir propio. Siempre teniendo en consideración la singularidad irreductible de cada solución, imposible de universalizar, porque es el producto de la invención de cada uno.

El expone con mucha precisión su peculiar funcionamiento. La marea de palabras en la que se ahoga carece del orden del lenguaje, por esa razón necesita tomar apoyo en aquello que lo reconforta y reasegura. Las letras, los números, al ser inmutables, son sus mejores aliados. “¡Conversar resulta durísimo!”, afirma. De ahí que la repetición de las palabras o de las preguntas que se le formulan, le ayudan a buscar en su caótica memoria, huidiza e indiferente al sentido del tiempo, hasta encontrar un recuerdo que pueda servirle como referencia, un patrón -de todas maneras insuficiente cuando se trata de sentimientos.

A pesar de su tendencia a captar en imágenes el sentido del incesante movimiento exterior, que le aparece “sin filtro”, sin la criba del fantasma, advierte sobre la condena que puede suponer el uso sin medida de pictogramas y dibujos. “Puede que algunos autistas parezcan más felices con imágenes y diagramas, de dónde se supone que tienen que estar a cada momento, pero, de hecho, eso acaba limitándonos. Nos hace sentir como robots que tienen cada una de sus acciones preprogramadas.”

Cautivo en un cuerpo que vivencia como ajeno, su incesante movimiento no es otra cosa, asegura, que la expresión de su deseo de escapar, de liberarse. Si alguien me toca, decía Donna Williams, no existo más. Naoki también refiere lo aterrador que supone el ser tocado por los demás, puesto que significa que la otra persona adquiere control sobre su cuerpo, violentando la barrera defensiva trabajosamente construida y destinada a evitar el asedio y la intromisión de los otros en su frágil intimidad. El refugio en las estereotipias y los movimientos rítmicos es tan poderoso como el impulso aparentemente insensato de salir corriendo en pos de algo que ha capturado su interés. Saltar, afirma, es como sacudirse, sacándose de encima las cuerdas que le atan al cuerpo.

Respecto a los aprendizajes Naoki responde claramente: “Me desanima mucho ver que la gente no entiende lo hambrientos de conocimientos que estamos realmente los autistas.(...) ¡Quiero crecer aprendiendo un millón de cosas nuevas! (...) Pero para estudiar necesitamos más tiempo y diferentes estrategias y enfoques. Y la verdad es que la gente que nos ayuda a estudiar necesita aún más paciencia que nosotros.”

He aquí el término “verdad” en el testimonio de Naoki, vinculado a su experiencia íntima. Es esta perspectiva subjetiva de la verdad la que Lacan exploró incansablemente hasta dar su versión psicoanalítica. La verdad, dijo, no puede ser dicha toda. Es imposible, faltan las palabras. Sin embargo, esta verdad, aún mermada, nos es indispensable porque gracias a ella llegamos a captar lo real, el modo en que cada uno es afectado por el lenguaje y que Freud llamó inconsciente. Por eso, añadió, conviene, a la verdad, no sacarla de quicio. La verdad del autismo es, pues, la verdad de cada autista, uno por uno, en su radical y personal experiencia como ser hablante. Y sólo podremos acceder a ella si preservamos el espacio en el que pueda tomar forma en un decir personal.

En mayo del 2016 se llevó a cabo en Barcelona un Foro sobre autismo organizado por la ELP que llevaba por título Autistas ¿ insumisos a la educación? En él se dieron cita profesores, psicoanalistas, terapeutas, autistas, padres, educadores, autoridades de la administración y representantes de partidos políticos.

El éxito de esta convocatoria vino a coronar el trabajo incesante que los miembros de la ELP vienen realizando en pos de preservar espacios de vida, espacios de palabra, en los cuales el principio fundamental es el respeto por la subjetividad autista, por la singularidad de sus soluciones y hallazgos, por su eventual silencio.

En Barcelona y Zaragoza, ciudades en las que históricamente se ha mantenido la pluralidad de orientaciones en el tratamiento del autismo en atención temprana, el psicoanálisis de orientación lacaniana se ha consolidado como una alternativa, requerida en muchos casos por los padres, muchos de ellos formando parte de la Asociaciones Teadir[7]. El dinamismo de estas asociaciones a nivel del estado español es admirable. Una exposición de artistas autistas titulada El mundo en singular, organizada en Zaragoza por Teadir Aragón, ha recorrido parte de la geografía nacional e internacional recibiendo excelentes críticas y afluencia de público.

La intervención del Presidente de Teadir, Iván Ruíz, en el Parlamento catalán[8] en favor del mantenimiento de dicha pluralidad de enfoques ha significado un auténtico hito en la expresión democrática del respeto a la libertad y a la dignidad de las personas.

Muchos son los actos previstos para este año en las diferentes sedes de la ELP destinados a difundir nuestra perspectiva, nuestra manera  de colaborar con el trabajo ingente de los autistas para hacerse un lugar en el mundo poniendo a resguardo la verdad menguada pero indispensable que todos necesitamos para existir.

 

Vilma Coccoz

 

 

[1] Eric Laurent, La batalla del autismo. Grama. Buenos Aires. 2013.

[2] M.Dawson: La mala conducta de los conductistas. En el blog Foroautismo@elp.org.es

[3] Puede leerse en el blog Foro autismo.

[4] N. Higashida, La razón por la que salto. Rocaeditorial.  Barcelona. 2014

[5] J. Lacan, Conferencia de Ginebra. En Intervenciones y textos 2. Manantial. Buenos Aires. 1988. Pág. 129

[6] Acerca de la dimensión particular de la voz, cfr. Jean-Claude Maleval. El autista y su voz.

[7] Teadir Cataluña, Teadir Aragón, Teadir Euskadi.

 

[8] En el blog del Foro autismo.