Lo que resiste en el psicoanálisis, Lilia Mahjoub

En este debate que se ha abierto en la Escuela, y que ha tomado un nuevo giro, retengo lo que Jacques-Alain Miller señala, a saber, que «podría ser que el psicoanálisis sea eventualmente erradicado de la faz de la tierra de Francia, y [que] apenas acabamos de enterarnos». Esto nos vino del exterior: una vez más se ataca al psicoanálisis el psicoanálisis.

Resultó evidente que, si bien la defensa del psicoanálisis se impone, considerando todo lo que se le imputa, esta defensa no es suficiente para responder a las cuestiones planteadas por Jacques-Alain Miller: «¿Què quiere la Escuela? O primero que todo: ¿Qué Escuela la Escuela quiere ser?

Respecto a la segunda pregunta, ésta no puede responderse sin tener en cuenta lo que es el objeto de la escuela, es decir, el psicoanálisis y, en consecuencia, sobre lo que es el objeto del psicoanálisis. El anuncio de la próxima aparición del Seminario de Lacan, llega en el momento justo. La lección de apertura fue publicada en los Escritos con el título «La ciencia y la verdad», y las primeras líneas conciernen el estatuto del sujeto que Lacan fundó en su seminario del año anterior.

Desde sus primeros seminarios, en su retorno a Freud, digamos que el sujeto ya era el objeto de su elaboración. En 1955 anuncia que «[e] sujeto es nadie [personne]» [1] , y trata de «pequeño idólatra a uno de sus alumnos, luego que éste en una presentación haya entificado al sujeto hasta idolizarlo[1], representándolo en formulaciones un tanto figurativas.

C’est une tendance qui a la peau dure, et dont nous devons nous garder. Esta es una tendencia tenaz, de la cual debemos cuidarnos. Ésta puede saltar a la vista en las lecturas de textos clínicos u otros dirigidos a un público más amplio.

Pero ciertos textos en este debate, sobre todo el de Hervé Castanet, nos recuerdan entre otros que «un sujeto no es un individuo», como Lacan lo enuncia en su alocución, en la apertura de una reunión en el PLM Saint-Jacques, el sábado 15 de marzo de 1980, luego de su carta de disolución del 5 de enero. Esta allocution fue publicada en el diario Le Matin.

El sujeto de la elaboración de Lacan no es el sujeto de la filosofía, y si Lacan dice en «La ciencia y la verdad» que se trata del sujeto de la ciencia, es porque en esta última el sujeto está forcluído. El objeto del psicoanálisis es entonces la función del objeto a que «debe insertarse […] en la división del sujeto por donde se estructura muy especialmente […] el campo psicoanalítico. » [2]

Lacan nunca abandonó su definición del sujeto como efecto de significante. Formuló que el objetivo de su enseñanza «sería hacer que los psicoanalistas estén a la altura de esta función que se llama sujeto » [3] y que esta función ya estaba presente en Freud.

Pero hay también otros significantes del psicoanálisis que se marchitan, que menguan y que pierden su virulencia. Por ejemplo, el uso del concepto de pulsión. Constato que hubo una época en que eran los términos de instinto, excitación o impulso los que se utilizaban, incluido en las traducciones de textos de Freud. Freud diferencia claramente la pulsión de la excitación, esta última proveniente de la fisiología. Lo mismo con el instinto, que atañe a la respuesta del animal frente a ciertos signos. Pese a ello, el término de pulsión ha pasado al lenguaje corriente sin que se haya establecido la diferencia producida luego del descubrimiento freudiano de la represión y el inconsciente.

Así, las pulsiones no son una cantidad medible. No son un demasiado o un no suficiente de goce pulsional (es decir sexual), sino un montaje de cuatro términos. Las pulsiones no sabrían ser asimiladas al comportamiento de un individuo. No son la sociedad y sus modos de refrenarla (que van de la educación a la química medicamentosa) los que actúan sobre ella, sino la represión, lo cual es en sumo diferente. Las pulsiones del sujeto se anudan a los significantes de su demanda y pueden de este modo ejercerse sobre los bordes corporales. ¿Puede creerse en un mundo donde las pulsiones se reducirían, se ordenarían, se calmarían por el solo hecho del lugar que el psicoanálisis da a la palabra? No sería suficiente, ya que si hay una rectificación en lo que respecta al despliegue de la pulsión (es decir, a sus idas y vueltas), también hay que tener en cuenta la interpretación y el corte esperados. Pues hay un término de la pulsión que no será nunca simbolizable : su empuje constante.

Es así como lo formulaba Freud: « [l]a pulsión, en cambio, no actúa como una fuerza de choque momentánea, sino siempre como una fuerza constante » [4] . Es lo que Lacan destacará, precisando que ésta no tiene un ritmo como sucede en las funciones biológicas, « que no tiene ni día ni noche, ni primavera ni otoño, ni alza ni baja » [5] pues es una fuerza constante, y que esa constante es « un elemento de real » [6] .

¿Basta acaso con recordar la rigor de los conceptos freudianos y lacanianos forjados a partir de la experiencia analitica para que el psicoanálisis no esté condenado a desaparecer? Si sus conceptos circulan y son absorbidos por el discurso corriente, ¿Es una razón para dejar de interesarse en ellos, y creer que habría que reemplazarlos por los significantes en boga que circulan actualmente en la sociedad? Desde luego, estos últimos exigen, sin duda, que el psicoanalista se interese en ellos, pero ciertamente no que los utilice para adaptar su discurso.

Aun así, y pese a las críticas y peroratas que se le puedan infligir, hay algo en el psicoanálisis que resiste. ¿Se trata, para los psicoanalistas, de contentarse con ello o más bien, como les invita Lacan, de intentar saber de qué se trata?

La psychanalyse est un symptôme dont la société et les autres discours voudraient se débarrasser, mais elle a en elle un réel, un réel qui est l’irréductible de ce symptôme. El psicoanálisis es un síntoma, un síntoma del que la sociedad y otros discursos quisieran deshacerse. Pero hay en el psicoanálisis un real, real irreductible de ese síntoma. Es ese real que resiste y que le hace mantener su incisividad. Ahora bien, el psicoanálisis, a diferencia de otros discursos, no quiere deshacerse ni de lo real ni del síntoma, y he ahí la condición de supervivencia. Esto es también lo que se puede esperar del psicoanalista.

Publicado originalmente en L’ÉCOLE DÉBAT 14
Traducido del francés por Cristobal Farriol
Revisado por Marcela Zozi y Maitena De Zabaleta-Bical


[1] Lacan, J. El Seminario, libro II, El yo en la teoría de Freud y en la técnica del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1983, p. 88 y 90.
[2] Lacan, J., “La ciencia y la verdad”, Escritos 2, México, Siglo XXI, 2009, p. 820. 863.
[3] Lacan, J., “Lugar, orígen y fin de mi enseñanza”, Mi enseñanza, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 61. 58.
[4] Freud, S., “Pulsiones y destinos de pulsión”, Obras completas, vol. XIV, Amorrortu ediciones, Buenos Aires, 1976, p. 114. 14.
[5] Lacan, J,. El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1987, p. 172.
[6] Lacan, J., Ouverture des Journées de l’EFP, abril 1975, Les lettres de l’école freudienne, n 18, p. 7. p. 7.